El Quejío

Ese ¡ay!, palabra desgarrada y rebelde es la dimensión mayúscula del flamenco, de donde brota toda su grandeza trágica. Cante flamenco, cante hondo, profundo: cante jondo.

Con el tiempo una vez en la calle, el cante jondo experimenta una explosión que lo sitúa como expresión racial, de identidad étnica.

Después iria transformándose hasta que sin perder autenticidad, el cante comienza a servir como fuente de ingresos. El Flamenco empieza entonces a calar en otras capas de la sociedad andaluza, circunstancia que impulsó las primeras fiestas privadas a las cuales acudían cantaores y bailaores para animarlas

El siglo XIX


También en el siglo XIX, en sus últimos años, es muy habituales los espectáculos en los llamados cafés cantantes.

A finales del mismo siglo y a principios del XX tiene lugar todo un proceso de cambio, momento en el que el Flamenco pasa los límites de Despeñaperros para llegar a Madrid, donde se instala ya como producto de consumo.