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EL ABRAZO DEL TANGO
UN PENSAMIENTO TRISTE QUE SE BAILA
¿Hay un tango para bailar y otro para escuchar? ¿Es cierto que si no se puede bailar no es tango? ¿Y qué es el tango? ¿Una danza? ¿Una música? ¿Un pensamiento triste que se baila? ¿Un fenómeno cultural? ¿Cambia la esencia de una música cuando pasa a cumplir una función distinta a la originaria? ¿No pasó algo similar con el jazz? Demasiadas preguntas, que quedarán -tal vez- sin respuesta.
No hay duda de que el tango se originó como una danza, en un momento particularmente crítico, en el que el vals y otros bailes habían entrado en decadencia. "Aún antes de finalizar el siglo XIX, los maestros de danza trataban de contrarrestar el empobrecimiento de la danza en sociedad", señala Curt Sachs en su Historia Universal de la Danza. Es en esa época, entre 1870 y 1890, que la coreografía del tango va adquiriendo su forma acabada.
En el marco de una situación sociocultural muy particular, la gran inmigración desde Europa (especialmente Italia y España) y las migraciones internas (del campo a la ciudad)- y en una zona bastante determinada de las ciudades portuarias rioplatenses -los suburbios, a los que esencialmente habían sido marginados tanto unos como otros inmigrantes- el tango comenzó a gestarse, en primera instancia, a partir de las innovaciones que los bailarines iban introduciendo a otras danzas ya establecidas.
Paralelamente a la coreografía, iba desarrollándose una música que se nutría de fuentes sumamente diversas, que, siendo condicionada por las novedades coreográficas, la mismo tiempo las iba condicionando. Así, en un proceso no consciente de creación colectiva, surgía el tango como resultado de la necesidad de un grupo heterogéneo de personas de expresarse a través de la danza.
También parece claro que el proceso de imposición del tango a nivel internacional está íntimamemnte relacionado con su condición de danza. Para que un fenómeno logre imponerse, no sólo debe significar un aporte renovador
de lo ya existente, sino que debe haber una necesidad de ese fenómeno. Y es precisamente en la coreografía donde radicó el atractivo -y el escándalo- que suscitó el tango en Europa. Claro que, junto a la coreografía, iba también la música.
Escándalo -como tantos otros aspectos de la mitología negativa que se tejió en torno al tango-, bueno es recordarlo, que poco o nada tenía que ver con la intención primaria de quienes le dieron vida.
En el tango, dice Carlos Vega, "no existía la regularidad y nada podía anticiparse, porque la figura siguiente, la serie entera, la pieza total, se elaboraba en el instante de la realización. Fue necesario crear una técnica: la pareja debía moverse enteramente abrazada, cara contra cara, costado a costado; el varón orientaba y hasta determinaba los pasos de la mujer con su mano derecha, fuerte en la cintura. Los bailarines... se habían planteado el simple dilema: 'o nos apretamos o nos pisamos'. Y se apretaron. nada de lujuria en el abrazo; fueron los críticos del abrazo quienes introdujeron su lujuria en el tango. Los danzantes tenían muchas otras cosas de qué preocuparse" (Carlos Vega: La coreografía del tango. En: El origen de las danzas folklóricas).
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